Fotografía de Lucía García Silva

Cuando el niño mama bien, su lengua y su boca estimulan los nervios del pezón que mandan el mensaje al cerebro de la madre de que el niño quiere leche. El cerebro responde ordenando la producción de prolactina y de oxitocina. La prolactina hace que se comience a formar la leche en los alvéolos de la mama y la oxitocina hace que la leche fluya de los alvéolos hacia el pezón. La leche producida se va almacenando en los senos lactíferos, situados debajo de la areola.

Cuando el niño mama bien (toma el pezón y gran parte de la areola), ordeña con su lengua los senos lactíferos situados bajo la areola.